El oro cae desde máximos históricos, pero analistas descartan fin del ciclo alcista

El precio del oro registró una fuerte caída durante 2026, después de alcanzar máximos históricos y acumular avances extraordinarios durante el año anterior. Sin embargo, analistas consideran que el retroceso no representa necesariamente el fin del ciclo alcista, sino una corrección impulsada por factores técnicos y cambios en las expectativas sobre las tasas de interés en Estados Unidos.

Después de subir un 65 % en 2025, el metal avanzó otro 25 % durante los primeros 28 días de 2026 y alcanzó un máximo de US$5,417 por onza. Posteriormente, descendió hasta cotizar cerca de los US$4,000.

La magnitud del ajuste coincidió con el estallido del conflicto en Medio Oriente, una reacción que desafió la percepción tradicional del oro como refugio automático frente a las tensiones geopolíticas.

Nicolás Kohn, Gustavo Martin e Ignacio Durán, integrantes del equipo de Research de Balanz, atribuyen el comportamiento reciente a una combinación de factores técnicos y macroeconómicos.

“Creemos que detrás de la dinámica reciente en el metal hay dos factores que se conjugaron en el corto plazo: reversión del fuerte momentum en el precio y recalibración en las expectativas de tasas de interés y la consecuente suba en las tasas reales en Estados Unidos”, señalaron en un informe.

Los especialistas sostienen que los fundamentos que impulsaron el repunte del oro durante los últimos años todavía permanecen vigentes. Entre septiembre de 2025 y enero de 2026, el metal acumuló un aumento cercano al 56 %, equivalente a una tasa anualizada de 188 %.

Esa aceleración llevó el retorno anualizado de los últimos tres años hasta el 42.4 %, su nivel más alto desde el histórico ciclo alcista de la década de 1970.

Desde esa perspectiva, una caída cercana al 25 % desde los máximos recientes no sería un comportamiento excepcional. Durante el repunte de la década de 1970, el oro llegó a registrar retrocesos próximos al 45 % antes de retomar la tendencia ascendente.

La corrección también quedó reflejada en los fondos cotizados respaldados por oro. Las tenencias de estos ETF disminuyeron después de alcanzar máximos en febrero, aunque todavía se mantienen entre los niveles más elevados de los últimos cinco años.

Entre abril de 2024 y junio de 2026, las posiciones aumentaron un 31.2 % y alcanzaron las 4,047 toneladas. Para los analistas, ese comportamiento demuestra que no se produjo un desarme masivo de inversiones pese a la caída del precio.

Las compras de los bancos centrales también se mantuvieron estables en términos agregados, aunque con diferencias entre países. Polonia, China, Uzbekistán, Kazajistán y los países de la eurozona ampliaron sus reservas, mientras Turquía y Rusia realizaron ventas netas vinculadas principalmente a necesidades de liquidez.

El informe señala que algunos bancos centrales aprovecharon la reducción del precio para incrementar sus tenencias de oro.

Más allá de los movimientos técnicos, los analistas destacan que los factores estructurales que respaldaron el crecimiento del oro no han cambiado de manera significativa.

Uno de ellos es la evolución del dólar estadounidense. Históricamente, el oro mantiene una relación inversa con esa moneda, por lo que las perspectivas fiscales y de endeudamiento de Estados Unidos continúan apuntando hacia una posible depreciación de largo plazo.

Entre los elementos mencionados figuran un déficit fiscal cercano al 7 % del PIB, una relación entre deuda y PIB de 120 % durante la próxima década y un aumento del peso de los intereses sobre la economía estadounidense.

“Entendemos que no hubo un cambio en los fundamentos”, afirmaron los especialistas.

El principal factor adverso en el corto plazo es el comportamiento de las tasas reales. Como el oro no genera intereses, pierde atractivo cuando aumentan los rendimientos reales de los bonos estadounidenses.

El endurecimiento del discurso de la Reserva Federal y la revisión de las expectativas sobre las tasas contribuyeron a reforzar ese efecto durante 2026.

El análisis también cuestiona la idea de que el oro funciona por sí solo como cobertura frente al riesgo geopolítico. En cambio, sostiene que su principal atractivo es ofrecer protección parcial ante una depreciación del dólar, una característica más consistente con su comportamiento histórico.

La evolución del metal durante los próximos meses dependerá de la interacción entre los movimientos técnicos y las condiciones macroeconómicas. El informe advierte que resulta difícil prever un nuevo repunte sostenido apoyado exclusivamente en las compras de los bancos centrales, cuyo ritmo comenzó a moderarse frente a los máximos observados desde 2022.

Asimismo, la naturaleza procíclica de los ETF podría aumentar la volatilidad mientras continúe la corrección.

Para Balanz, el comportamiento reciente del oro no rompe con los patrones observados en otros ciclos alcistas. La dirección del mercado dependerá principalmente de las tasas reales en Estados Unidos, la evolución del dólar y la demanda de los inversionistas institucionales.