Carta a Orlandito

El 24 de noviembre del 2010, le escribí esta carta a Orlandito. Hoy la reproduzco en su honor.
“Hola Orlandito. Muchos te llamamos así como muestra de respeto, cariño y admiración, especialmente cuando te recordamos en los tiempos de estudiante. Te conocí cuando eras niño, pues nuestras familias vivían muy cerca en Santiago de los Caballeros; además, la prole de don Salvador y doña Asela no pasaba desapercibida en nuestro terruño.

Luego nos encontramos en la universidad, en la Facultad de Derecho de la PUCMM. Tú entrabas como “prepa”, que significa “principiante” o “novato” en las aulas. Yo ya tenía algunos semestres disfrutando de las ocurrencias y del talento de Adriano Miguel Tejada, en ese entonces director del Departamento de Ciencias Jurídicas.

Ingresaste en la alta casa de estudios siendo el hijo del presidente. Eso, naturalmente, te colocaba en el centro del escenario. Tu comportamiento era seguido de cerca en la academia y en la sociedad. Gracias a Dios, fuiste ejemplo de humildad y de compañerismo. Tus notas fueron sobresalientes, ganadas por méritos propios. Tu decencia era digna de imitar.

Y lo que más valoré en ti fue tu actitud cuando la saña, el veneno, la intriga y la maldad persiguieron despiadadamente a los tuyos. A pesar de que se notaba en tu rostro el dolor y de que esas implacables agresiones herían tu alma, te mantuviste firme, sereno, como un adulto, como si comprendieras que tú y tu hermana eran la razón de existir de tus padres.

Comprendiste que si te contemplaban cabizbajo, triste o con ira, eso los afectaría más que las viles embestidas recibidas. Las circunstancias, amigo, te hicieron madurar antes de lo indicado por la naturaleza.

Cuando murió tu madre te recordé bastante e imaginé tu faz ahogada en llanto, anhelando estar en su regazo, acurrucado, añorando la feliz infancia entre juegos, cantos y amor.

En un pasado artículo, al referirme a las primeras damas dominicanas, escribí sobre doña Asela: “Su partida fue lamentable, luego de años de luchar contra la enfermedad que la abatía. Fue una mujer leal, que estuvo siempre al lado de su marido en las buenas y en las malas, soportando valientemente ataques, improperios y odios. Excelente madre. Nunca ofendió a nadie y desde el poder se manejó con prudencia, entregada a nobles causas”.

Hoy, por lo de tu padre, nueva vez pasas por momentos de angustia. Pensarás en ocasiones que es algo injusto, pero tal vez es la vida o el destino poniéndote a prueba. Ten fe. La historia valorará en su justa dimensión a Salvador Jorge Blanco y saldrá bien. Orlandito, mi solidaridad sincera contigo, y recuerda que la patria espera mucho de ti”.

Pedro Domínguez

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