Martin Luther King y el sueño dominicano: primero la gente

Por Adolfo Perez De León. Ingeniero industrial y dirigente nacional del PRM

Martin Luther King Jr. soñó con un país donde la dignidad no dependiera del color de la piel, ni del lugar de nacimiento. Soñó con justicia, con igualdad de oportunidades, con el reconocimiento del valor intrínseco de cada ser humano. Su voz, su palabra y su vida se convirtieron en un símbolo universal de lo que significa luchar por la libertad y por el derecho a desarrollarse plenamente como persona.


Hoy, décadas después, ese sueño sigue siendo profundamente vigente. Porque el anhelo de justicia no pertenece a una época ni a una nación. El sueño de Martin Luther King es una llama viva que arde en cada sociedad que aspira a un futuro más justo, más humano, más decente.


En la República Dominicana, ese sueño también existe. Yo creo profundamente en la posibilidad de un sueño dominicano: una sociedad donde cada persona, sin importar sus circunstancias, pueda construir su proyecto de vida según las cosas que valora, con dignidad, bienestar y libertad. Un país en el que el desarrollo dependa del esfuerzo y no del privilegio, de las capacidades, los méritos y el acceso equitativo a las oportunidades.
Ese sueño no es abstracto ni imposible. Tiene raíces en nuestra propia historia. Fue también el sueño de José Francisco Peña Gómez, quien nos enseñó que gobernar debía tener una orientación ética clara: primero la gente. Ese principio no ha perdido vigencia. Al contrario, en estos tiempos en los que la técnica amenaza con desplazar a la sensibilidad, y donde el poder corre el riesgo de olvidarse de su razón de ser, el recuerdo de Peña Gómez nos señala que el pueblo debe estar en el centro de todo proyecto político legítimo.
Cuando colocamos la dignidad humana como eje, la política deja de ser un fin en sí misma y se convierte en un instrumento de transformación. Gobernar bien no es solo gestionar recursos, sino también garantizar bienestar, ampliar derechos y construir confianza.
En ese sentido, reconozco que el liderazgo del presidente Luis Abinader ha significado un avance real hacia ese sueño. No solo por las medidas que se han tomado para mejorar la calidad de vida de la gente, sino por la decisión clara de fortalecer la institucionalidad y dignificar la función pública.
En momentos donde otras sociedades han cedido ante la tentación autoritaria, en nuestro país se ha apostado por la transparencia, por el diálogo social y por la rendición de cuentas. Ese es un valor inmenso, que debe ser defendido y profundizado. La democracia se fortalece cuando los gobiernos son capaces de escuchar, de corregir, de construir desde el consenso, y sobre todo, de poner en el centro a quienes muchas veces han quedado al margen.
El sueño dominicano no se mide solo en crecimiento económico, sino en la calidad de nuestras instituciones, en la equidad con que se distribuyen las oportunidades, en el respeto que cada persona recibe sin importar su condición. Se trata de un proyecto de país donde cada quien pueda decir: aquí puedo crecer, aquí puedo vivir con dignidad.
Martin Luther King hablaba de convertir una montaña de desesperación en una piedra de esperanza. Ese también es nuestro reto. Transformar la injusticia histórica en equidad, el egoísmo en solidaridad, el escepticismo en participación activa.
Ese sueño se construye paso a paso. Con reformas, con escucha, con decisiones difíciles, con integridad. Con instituciones que sirvan, con servidores públicos que comprendan que su deber no es con el poder, sino con la gente. Con liderazgos de acero forjados desde las convicciones, el talento y el aprendizaje continuo.
Hoy, como ayer, creo en la fuerza del sueño. Creo que un país donde primero la gente no es solo una consigna: es un mandato. Es un compromiso. Es un pacto que nos recuerda por qué elegimos la democracia y por qué vale la pena defenderla.
57 años después de su asesinato, el pensamiento del doctor King aún nos despierta como una bofetada en la cara cada mañana, como un impulso obligado que nos convoca a seguir sus pasos, a luchar y salir adelante, a trabajar duro por una sociedad de derechos, por la movilidad social ascendente, por la consecución del sueño dominicano.

(El 4 de abril de 1968, el doctor Martin Luther King recibió un disparo mortal en la garganta cuando salió a su balcón en el Motel Lorraine de Memphis, Tennesse. El hombre más grande del siglo XX fue asesinado).